“Sin otra luz ni guía, sino la que en el corazón ardía”

San Juan de la Cruz

El hombre ha tratado de representar el mundo desde hace más de 8000 años. La Cartografía ha sido además de una disciplina técnica y científica, un arte.

El placer que produce su contemplación es equiparable al que experimentamos ante un códice, un manuscrito iluminado o una pintura.

El auge de la navegación y el descubrimiento y conquista de nuevos territorios demandaba su representación. El estímulo de una imaginación avivada por los peligros y la ambición, derivó en mapas poblados de monstruos y seres fantásticos que habitaban los océanos y las tierras por descubrir.

Los mapas se realizaban con pigmentos, sobre pergamino, papel o tela que los hacían frágiles durante los viajes y susceptibles al paso del tiempo.

En los barcos con destino al Nuevo Mundo, viajaba también cerámica policromada para las colonias, donde posteriormente se fundaron y consolidaron talleres para producción de piezas utilitarias y azulejos de talavera, para recubrir muros de edificios y cúpulas de las iglesias.

Esta exposición es producto de la conjunción de dos artes: la Cartografía y la Cerámica de Talavera que se integran en un esfuerzo para preservar un legado milenario.

Tal vez, no sea demasiado tarde para realizar los mapas de nuestras ciudades y del mundo, integrados a sueños de paz, justicia y desarrollo para toda la humanidad.